Aunque la dinámica de la competitiva entre firmas está volcada hacia la captura de cuotas de mercado y a la competencia entre firmas que buscan eliminar a sus rivales, en realidad, es esta dinámica  la que genera la ventaja competitiva a nivel internacional. La vigorosa competencia nacional está detrás del éxito de un país en un sector determinado. Es la Competencia Empresarial interna bien capacitada la que genera las condiciones necesarias para el despegue de las empresas nacionales hacia el posicionamiento en los mercados internacionales. En efecto, dicha rivalidad es uno de los ejes fundamentales del diamante de Michael Porter.

La Competencia Empresarial interna como impulso para la competencia internacional

En muy raras ocasiones las firmas de una nación logran  construir y mantener una ventaja competitiva a nivel internacional, si no cuentan con una robusta y tenaz competencia  dentro de sus países. Salvo algunas excepciones puntuales, dicha falta de incentivo competitivo, es una de las principales causas del exiguo éxito de las políticas de industrialización por sustitución de importaciones ISI, aplicadas en américa latina en el marco de la implementación de las teorías Cepalinas.

Así, pues, las industrias que emergieron bajo la protección de Estado no encontraron los incentivos suficientes para ser  competitivas a nivel internacional, prescindiendo de las medidas proteccionistas de las que dependían. De esta manera, al ser los mercados locales estrechos y no poder hacerse de mercados externos dada la baja competencia empresarial en el mercado exterior, el modelo de la ISI estuvo condenado, no porque las medidas proteccionistas sean malas de por sí de forma categórica, estas no son más que políticas económicas que pueden aplicarse de forma pertinente o no, como bien destaca Ha-Joo Chang en sus investigaciones. Simplemente, el proteccionismo  Estatal tal como se aplicó, desmotivo  la competitividad y fue en desmedro de la ventaja competitiva.

El daño que hace el Monopolio en el desarrollo de la competitividad

Aunque suela considerarse como sinónimo de empresa grande, el monopolio no es más que la ausencia de competencia en un determinado mercado. Situación bajo al cual un solo productor acapara toda la demanda para si, lo cual, le da el poder discrecional de elevar los precios restringiendo la producción. Cuando existe un monopolio, el monopolista tiene mayor libertad para fijar el precio de su producción que cuando existen otras empresas en el mercado; en la jerga económica se entiende que tiene la capacidad de poder cobrar un precio por encima del costo marginal de producción.

Así, pues, el monopolista sube los precios para ganar más por cada venta y para hacerlo debe restringir la producción. A su vez, cuando algo es escaso y necesario es natural que suba de precio, de manera que  mientras el monopolista se enriquece la sociedad en su conjunto pierde, puesto que al subir los precios nuestro dinero vale menos, ocurriendo de esta forma una pérdida de poder adquisitivo. Aunado a esto, la sociedad en general está produciendo menos y, por lo tanto, está generando menos riqueza en su conjunto.

Finalmente, se tiene que si una empresa puede afectar el precio de mercado de su producción, se le considera un competidor imperfecto. Esto quiere decir que allí donde opera el monopolio no se cumplen las leyes tradicionales del proceso de autoregulación de precios propio del mercado, la mano invisible del mercado esbozada por Adam Smith deja de funcionar, o bien, simplemente es invisible porque no existe, como hace referencia Joseph Stiglitz de forma jocosa.

Aunado a lo anteriormente dicho sobre prejuicios del monopolio para la sociedad en general, el monopolio tiene un efecto negativo directo sobre la innovación. Cuando una entidad logra acabar con la Competencia Empresarial, ya no tiene incentivos para innovar, puesto que la innovación encuentra su razón de ser bajo la lógica de la lógica de maximización de beneficios, en el hecho de poder superar la competencia y obtener alguna patente monopólica durante algún tiempo para posicionarse en el mercado, misma que deben ser reguladas precisamente para evitar la formación de monopolios.

La experiencia de desarrollo competitivo en Japon

Japón es un ejemplo paradigmático de como firmas competidoras pueden posicionarse de forma exitosa a nivel internacional, y seguir manteniendo una estrecha rivalidad por el mercado interno. El país nipón parece haber entendido desde temprano que en efecto, “es bastante mejor obtener ventajas de escala expandiéndose internacionalmente que dominar el mercado interno” (Porter,  1991, p.741)

A este respecto, Porter advierte sobre los efectos perjudiciales del empeño voraz de algunas empresas por comprar las firmas competidoras  para así empoderarse ante los rivales locales y finalmente erigirse como un monopolio. En palabras de Porter (1991, p.174)“La presencia de una activa rivalidad nacional ayuda a ,mantener el éxito internacional. Comprar a los competidores internos puede ser una solución fácil, pero no siempre la correcta”

Porter, M (1991). La ventaja competitiva de las naciones. Buenos Aires: Vergara.