El desarrollo, es un concepto polisémico que parte, desde su prístina noción ortodoxa, de la búsqueda de riqueza en aras de garantizar un mayor bienestar a la población de una nación, con lo cual el concepto de desarrollo se terminó equiparando al de industrialización. Así, pues, una nación indutrializada era, por consiguiente, una nación desarrollada. Para economistas como Amartya Sen (2000), por su parte, rescata el humanismo al aseverar que el desarrollo, no es el desarrollo del sistema productivo, sino el desarrollo de las personas; la capacidad de cada individuo para elegir el tipo de vida que desee vivir. Vamos a detallar entonces el Desarrollo endógeno y su relación con la clusterización.

El incremento de la riqueza de una nación es un vehículo para el desarrollo, pero no es el desarrollo per se. El desarrollo estriba en la ampliación de las oportunidades, de la gama de opciones que una persona puede elegir; el desarrollo-desde la perspectiva liberal de Sen (2000) es libertad individual-, Así, pues, medidas como el PIB per cápita, se hacen insuficientes para dar cuenta del desarrollo.

El Desarrollo endógeno y el crecimiento económico

En síntesis, el crecimiento económico, es un vehículo para el desarrollo, pero no debe ser confundido con este. Como condición necesaria para el desarrollo, la problemática sobre el crecimiento económico ha estado en la cabeza de los economistas desde la constitución de la disciplina. Adam Smith, con la publicación de La riqueza de las naciones en 1776, buscaba precisamente dar respuesta al problema de la diferencia entre los niveles de renta de las naciones, responde el por qué algunos países son ricos y otros son pobres. Así, pues, el problema sobre los factores competitividad nacional, del cual es heredera la teoría del clúster, es un debate de larga data.

A pesar de las fórmulas y decálogos de medidas para incrementar el desarrollo nacional, los economistas del desarrollo, así como Michael Porter, son unánimes al aseverar que cada economía es una particularidad histórica, y requiere un tratamiento especial. Una economía, si desea crecer, necesita acerca de un lugar en los mercados internacionales, debe generar más riqueza que otras naciones. Bajo este paradigma, la economía internacional parece ser un juego de suma cero, como vestigio anacrónico del mercantilismo.

En el escenario de comercio internacional, se fraguan luchas por capturar cuotas de mercado; es aquí donde la eficiencia y la competitividad de una nación, terminan siendo la única vía para alcanzar el desarrollo tal como lo plantea Amartya Sen (2000). A este respecto, El diamante de Porter, ofrece una herramienta invaluable para el análisis de la competitividad de las naciones. La conformación de clústers, se erige como una teoría que combina la teoría neoclásica del comercio internacional, las ventajas de la competencia para engrasar el aparato productivo, la innovación y la eficiencia, así como la teoría de las economías externas Marshallianas.

El crecimiento del clúster para la competitividad de las industrias

Tal como señala Porter, son escazas las firmas que alcanzan niveles óptimos de competitividad internacional, sin haber pasado por un proceso de rivalidad local como la que se produce en los clústers. Así, pues, no sólo las relaciones de cooperación e integración son importantes para el crecimiento del clúster, sino las de competencia, siendo estas últimas las que evitan el anquilosamiento de las firmas y el cese de la innovación. En efecto la ausencia de competencia no tiene otro nombre que monopolio.

Aunque de tradición neoclásica, el proceso que describe inicialmente el diamante de Porter, es un proceso de desarrollo endógeno. El desarrollo endógeno es un proceso mediante el cual las economías utilizan sus recursos internos (a veces de forma autárquica)

Deasarrollo endógeno, la capacidad de una localidad para manejar los discursos disponibles en su territorio, con la finalidad de dar respuesta a las necesidades de la población. sus necesidades. Es un proceso que toma en cuenta el papel fundamental de las fuerzas internas que promueven el desarrollo. En el desarrollo autónomo, el territorio se entiende como un entramado de intereses de todo tipo, un crecimiento económico gestado desde adentro de la localidad, con recursos propios.

Resulta interesante el hecho de que los países hoy industrializados han pasado por procesos de desarrollo endógeno, antes de salir a competir en los mercados internacionales. A diferencia de los países subdesarrolllados, en donde priman las economías de enclave, en el marco de una temprana articulación al sistema capitalista como proveedores internacionales de materias primas, en los países desarrollados, al haber atravesado procesos de desarrollo autónomo, la importancia del mercado interno es fundamental. Son economías mejor articuladas, carecen de la estrechez de mercado para la colocación de sus mercancías propias de las trampas del subdesarrollo puesto que han sabido aprovechar las ventajas competitivas locales.

Finalmente, podemos concebir al clúster como un proceso de desarrollo y crecimiento endógeno, necesario para aprovechar al máximo los recursos naturales, humanos e institucionales, de una región geográfica determinada. Se trata de exprimir cualquier ventaja regional a la vez que se amplía la demanda local capturando mercados internacionales. Ni el comercio internacional por si mimos, ni el desarrollo autónomo sólo, son suficientes encausar el desarrollo y la competitividad nacional, se requiere de una síntesis de ambos. Dicha síntesis se encuentra en el modelo del clúster.

Sen, Amartya (2000). “Desarrollo y Libertad”. Editorial planeta S.A.