Economías externas de escala

Antes de comenzar a hablar de clúster, es necesario que nos aproximemos al término de economías externas de escala. Las empresas pertenecientes a un sector productivo, no funcionan de forma autónoma y aislada; requieren de insumos para su producción, a la vez que dicha producción puede ser el insumo de otras empresas antes de llegar al consumidor final.

El nivel de articulación entre lo que insumen y producen las empresas dentro de una economía, no es más que el nivel de integración de la economía. Dicha integración, cuando se haya localizada geográficamente, permite que las empresas se beneficien de aquellos elementos que también benefician al resto de las empresas.

Así, por ejemplo, que los trabajadores especializados de la industria automotriz habiten en un área geográfica próxima a  un conjunto de firmas pertenecientes al sector, sin duda –en aras de la movilidad laboral, el empleo y la producción-, favorece a todas las empresas localizadas en esa área. Asimismo, el conocimiento producido por una empresa –habida cuenta del vencimiento de las patentes sobre la innovación-, se logra transferir de forma más eficiente bajo la dinámica de un conjunto de empresas eslabonadas entre sí y agrupadas en una determinada región; se produce un efecto de derrame del saber.

A este respecto, Albert Hirschman (1957) en su libro La Estrategia del desarrollo”, señala como la demanda de insumos de una empresa puede ser un aliciente para la conformación de otras empresas, mismas que se erigen como proveedores especializados (aguas arriba). Este tipo de crecimiento, también conocido como crecimiento desequilibrado, permite explotar de forma orgánica lo que se conoce en la literatura económica como ventajas comparativas, las cuales, no son más que el aprovechamiento estratégico de los recursos existentes para producir aquello que se pueda producir de forma más eficiente según las facilidades que ofrezca la localización geográfica.

No obstante, el concepto de clúster esbozado por Michael Porter (1991) es mucho más abarcador y complejo, puesto que –aproximándose a la teoría de economías externas de Alfred Marshall-, no sólo incluye el factor geográfico, sino la ventaja de la relación sistémica entre las empresas en general.

En síntesis, las empresas no sólo se ven beneficiadas cuando disminuyen sus costos fijos a partir del aumento de su capacidad instalada (proceso también conocido como economías internas de escala) también resultan favorecidas –sin que necesariamente aumente el tamaño de la empresa a nivel individual-, cuando se incrementa el tamaño de la industria a la que pertenecen y, más aún, cuando se incrementa el tamaño de las industrias relacionadas e integradas dentro de su propio procesos productivo, en una determinada área geográfica, dando cabida a los conglomerados.

Clusterización y economías externas de escala

Lo que plantea la teoría de las economías internas a escala, explicado de forma sucinta, es que los costes unitarios (el total de los costos de producción entre el número de unidades producidas) disminuyen cuando la empresa produce más, es decir, “se hace más grande”. No obstante, las economías externas a escala introducen el hecho de que dichos costos unitarios también decrecen cuando la industria a la que pertenece la firma también crece.

Finalmente, los beneficios de la clústerización, van a permitir que se originen economías externas a escala, las cuales, por definición, favorecen a cada firma localizada en el área geográfica del clúster. La idea central del clúster, no es la integración per se, puesto que puede haber integración sin necesidad de concentración de las industrias en un determinado territorio, incluso puede existir integración con firmas internacionales. El clúster es un concepto vinculado a las ventajas que ofrece la concentración de industrias en torno a su localización, con lo cual, se enmarca dentro del área disciplinaria de la geografía económica.

 

Bibliografía.

Hirschman, Albert (1958). The strategy of Economic Development. New Haven: yale University pres.

Porter, Michel (1991). La ventaja competitiva de las naciones. Buenos Aires: Vergara.