El clúster –tal como muestra la evidencia empírica-, es un claro ejemplo del dinamismo del mercado, manifestando una mecánica relativamente simple pero eficaz que estimula la economía de un sector, incrementando las ventajas competitivas de las industrias que le conforman. El clúster, al igual que las fuerzas del mercado, se encuentra en constante movimiento, un ciclo continuo, que, al igual que los productos de un sector, pueden llegar a su fin a causa de una gestión deficiente durante su desarrollo. Al proceso de desarrollo del clúster se le conoce como ciclo de vida de un clúster, y consta de una serie de etapas características.

Ciclo de vida de un clúster y sus etapas

Dicho ciclo de vida de un clúster presenta grandes similitudes con el ciclo industrial, específicamente en la manera en que las primeras exploraciones e innovaciones de un producto dominan el principio del ciclo, y atraen a la fuerza laboral. Así, pues, podemos advertir las siguientes etapas del ciclo de vida del clúster:

Gestación: Esta etapa se caracteriza por la progresiva entrada de empresas inconexas a uno o varios sectores industriales en una localidad determinada, sin que ello implique integración ni complementariedad entre las firmas e industrias. La aglomeración se puede gestar en torno a algún recurso natural abundante, dinamismo en el mercado laboral, marco jurídico favorable, capital humano especializado u otras ventajas comparativas. En esta etapa, el clúster se vislumbra aún como una posibilidad de asociación estratégica en aras de incrementar las ventajas competitivas.

Nacimiento: En esta etapa, se genera el clúster integrado en un conjunto de empresas, industrias e instituciones, aglomeradas geográficamente, con vínculos lábiles e incipientes en torno a necesidades en común, con lo que se empiezan a gestar las economías externas a escala marshallianas, así como la integración productiva: horizontal y vertical (aguas arriba y aguas abajo). El aprovechamiento de las ventajas comparativas en torno a las dimensiones geográficas, institucionales y de especialización de capacidades, será fundamental.

Crecimiento: En esta etapa, se consolida el clúster integrado en un conjunto de empresas, industrias e instituciones, aglomeradas geográficamente. El clúster en crecimiento busca asociarse con otros clústers, generándose relaciones intersistémicas de aglomerados cuya escala geográfica puede variar considerablemente hasta abarcar varias regiones.

Madurez: Llegada a esta fase, el clúster se articula como una estructura oligopólica, con lo cual, la entrada de empresas a la industria geográficamente localizada se ve reducida. La integración de las empresas se consolida en torno a una institucionalidad que le es propicia. Surgen mercados y proveedores especializados, se incrementan los beneficios de las economías externas, generándose derrames de conocimiento a nivel de innovación que son absorbidos por el clúster, así como también, se hacen patente la conformación de trabajadores especializados los cuales –habida cuenta de la movilidad laboral-,  benefician al clúster. Es característico de esta etapa la consolidación de alguna estrategia de competitividad, misma que tiende a girar en torno a la innovación y el desarrollo, concomitante a la diversificación productiva. En esta fase evolutiva del clúster, este se erige como unidad económica y política relativamente descentralizada, en un ecosistema propicio para la innovación.

Políticas que dan sinergia entre las inversiones al clúster

Existen también diversos tipos de políticas aplicadas según en la fase en que se encuentre el clúster, mismas que implicarán la sinergia entre la intervención estatal y la inversión privada, cada cual con sus competencias y atribuciones delimitadas. En la fase de nacimiento del clúster, los incentivos gubernamentales e inversiones privadas (activistas) estimulan el desarrollo de los conglomerados, inversiones que dejan de ser necesarias una vez se haya consolidado el clúster.

Otra medida que ha evitado la disolución del clúster ha sido el de promover y estimular la innovación durante las fases de madurez y declive mediante el fomento a la investigación tecnológica. Además de promover el desarrollo de nuevas industrias, estas medidas potencialmente presentarían el punto de partida clave para la regeneración de un clúster.

Es oportuno tomar en cuenta el hecho de que, a pesar de ser visto como un sistema aislado, el clúster forma parte de un sistema mucho más abarcado; la economía de la nación, por ello hay una gran diversidad de factores que influyen tanto directa como indirectamente en su desarrollo. Así, pues, una correcta planificación estratégica para el desarrollo, con políticas públicas que promuevan la conformación de los clústers y del emprendimiento bajo un marco institucional propicio para la innovación, son condiciones necesarias para la conformación y consolidación de las etapas del ciclo de vida de un Clúster.