América Latina es la región del mundo en donde se observa una de las mayores desigualdades entre los diferentes estratos sociales. En las últimas tres décadas del siglo XX la brecha entre los más ricos y los más pobres aumentó despertando preocupación entre los investigadores que en seguida relacionaron el fenómeno con las dificultades en la lucha contra la pobreza y posicionaron la tendencia como un obstáculo para el necesario crecimiento económico.

Las ciencias políticas han tomado relevancia en la resolución de problemas sociales en los últimos años, cuando la tendencia anterior indicaba que para superar los problemas de desigualdad en el continente bastaba  con tener las políticas económicas en su lugar. Sin embargo el Banco Mundial y otros organismos internacionales cambiaron su postura cuando se observaron pocos cambios luego de la liberalización de la década de los 90.

La avanzada de la democracia en el continente tampoco redujo las brechas, ni mejoró significativamente las cifras de movilidad social por lo que América Latina es un caso de estudio interesante para abordar esta problemática que cada vez adquiere más relevancia en el mundo.

Aunque se esperaba que las variables políticas tales como el poder legislativo partidario, la fuerza democrática la tradición y la naturaleza de los gastos sociales iban a tener un papel importante en la determinación de la desigualdad ahora se sospecha que estas variables tendrán pesos diferentes a las de las sociedades industriales avanzadas y diferentes efectos en cada país en particular. La región tiene distintos registros de desarrollo de la democracia. En algunos países las instituciones democráticas son más débiles, con menos partidos consolidados y de organizaciones de gestión pública incipientes o ineficientes. Son importantes también las políticas hacia los más desfavorecidos, en particular, aquellos sectores de la población en los puestos de trabajo más susceptibles de explotación o aquellos que tienen dificultades para acceder al empleo de forma estable. Cada país también tiene diferentes mercados de trabajo, así que las políticas implementadas de manera similar puede tener diferentes efectos.

En números

La décima parte más rica entre los latinoamericanos gana el 48% de los ingresos totales, mientras que la décima parte más pobre gana tan sólo el 1,6%, según el Banco Mundial. Las cifras equivalentes para los países ricos son el 29,1% y el 2,5%.

Los datos derivados de encuestas de cada país muestran que la desigualdad de ingresos en América Latina en su conjunto disminuyó ligeramente en la década de 1970, aumentó durante la década de 1980 (la “década perdida” de la deuda) y no mostró un patrón claro en la década de 1990 con las políticas liberalizadoras.

El coeficiente Gini promedio -una medida estadística de la desigualdad en la que cero expresa la igualdad completa- para los países de América Latina aumentó de 50,5 a 51,4 durante la década de 1990. Es decir, la desigualdad aumentó ligeramente. Pero si se sopesan los resultados por cantidad de población este resultado se invierte (de 51,9 a 51,5). Esto es debido a que Brasil se convirtió en menos desigual al igual que México. Sin embargo, las variaciones entre países se estrecharon: la desigualdad empeoró, por ejemplo, en Argentina más igualitaria con anterioridad.

Así, uno podría esperar que la democracia hiciera una diferencia, pero aunque fuera un factor determinante no es el único. En algunos países, los impuestos y el gasto público siguen estando significativamente por debajo de lo que se necesita para apoyar el rápido desarrollo económico y social, según algunos especialistas. En la década de 1990, el gasto social aumentó fuertemente en la región. Pero mucho de esto sigue favoreciendo a los más favorecidos naturalmente: los ejemplos incluyen las pensiones, las universidades y los sistemas de salud relacionados con los sistemas de seguridad social. En general, sin embargo, el gasto social cumple con la promoción de la igualdad. En Brasil, por ejemplo, sólo el 70% de los niños de 6-12 en el quinto más pobre de la población fue a la escuela en el año 1990. Para el año 2001, la cifra había aumentado a 93% .

Hoy en día, la desigualdad en América Latina se debe principalmente al efecto vinculante de cuatro factores, según el Banco Mundial: el acceso a la educación es desigual; los ingresos de las personas educadas son desproporcionadamente altos; los pobres tienen más hijos con los que tienen que compartir sus ingresos y la focalización del gasto público es ineficaz.

Ante esto la preocupación se centra en la mejora en la cantidad y calidad de la educación, además de los sistemas de asistencia social ampliados, orientados con precisión hacia los pobres. Este tipo de políticas muchas veces requiere reformas para que la voz de los sectores más vulnerables tenga el mismo peso que la de sectores más favorecidos, además de llevar a cabo efectivamente un proceso de inclusión que implique la necesaria movilidad social. Lo que no existe es un consenso para lograr acerca de cómo debe abordarse este proceso.

Inclusión en Ecuador

Las ciencias políticas tienen un papel fundamental en la determinación de los mejores métodos para abordar este tipo de problemáticas. Con la recesión que empezó a vivir el país el año pasado la protección del empleo se volvió un tema central. Hasta marzo de 2018 la tasa de desempleo se ubicaba en 5.7%, que constituye una cifra más baja que otras economías de la región pero que amenaza con crecer ante la difícil realidad que el sector público y privado están enfrentado. Por el lado del sector público la recesión producto de la caída de los precios del petróleo ha complicado las cosas y desacelerado la inversión. El sector privado se enfrenta a diversas dificultades, derivadas de retrasos en acuerdos internacionales, así como de la reducción tanto de las importaciones como de las exportaciones.  

En cuanto a cifras sensibles como la inclusión en el sistema educativo y de salud, las cifras son más esperanzadoras. Ecuador registró un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 4.59% entre el 2002 y el 2012 y de este el porcentaje invertido en programas sociales fue del 6.39. Esto trajo como resultado que se mejoraran los índices de escolaridad e inclusión de género. Ecuador logró aumentar su tasa de escolaridad llegando al 99% en 2012; además de mantener la paridad de género, que registró en 1999.

Instituciones como la Unesco miden la calidad de la educación por factores como la cantidad de niños por docente, siendo 40 niños por docente el estándar. Sin embargo Ecuador logró mejorar esa cifra a 18 alumnos en promedio por docente. Otros factores como acceso a la educación durante la primera infancia alcanzan apenas el 44%, lo que indica que falta camino por recorrer.

Crédito imagen: 123RF Stock Photo

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